Titulo: Donde hubo fuego, cenizas quedan.
Disclaimer: Sengoku Basara no me pertenece, lo hace a Capcom —ascodecompañiacofcof— yo hago esto sin animo de lucro y esas cosas.
Personajes/Parejas: Ieasyu/Masamune.
Advertencias: Crack. Se podría tomar como continuación de “Un último suspiro” pero se entiende sin haberlo leído.
Resumen: Aunque naciera otras cinco veces, aunque viviera en cinco lugares diferentes y tuviera cinco vidas distintas volvería a enamorarse de la misma persona.
Música: River Flows in You - Yiruma/ Wedding Dress - Taeyang (Jun Sung)
3. De historias que acaban.
La oscuridad temporal había sido un pobre consuelo para la mente de Ieyasu. Una efímera mentira donde por un breve periodo de tiempo (quizá no tan breve en la realidad) su mente no había tratado de jugar con él y simplemente le había dejado experimentar algo parecido a la tranquilidad. Pero no podía permanecer eternamente con los ojos vendados y los oídos tapados. Y a pesar de sentir que se moría por dentro no podía evitar aferrarse a la vida. Temía a la muerte. No soportaba la idea de no volver a ver a la persona a la que más quería en el mundo. A Masamune.
A su Dokuganryū.
Abrió con extremada lentitud los ojos, sin embargo, tuvo que volver a cerrarlos inmediatamente por la intensa luz que le deslumbró. Tenía la boca reseca y sentía como si hubieran triturado todos los huesos de su cuerpo. Abrió la boca y jadeó, adolorido. Sonido, escuchaba pasos y la voz de alguien que no lograba identificar. Volvió a abrir los ojos lentamente, tratando de acostumbrarse lentamente a la claridad que le recibía. Todo era tan blanco que se sintió mareado en un comienzo, ¿dónde estaba? ¿Qué había pasado? Su cabeza daba vueltas mientras trataba de enfocar algún pensamiento coherente dentro de ella.
—Ieyasu —susurró una voz que se encontraba a su derecha. Movió con algo de dificultad el rostro y parpadeó de nuevo. Masamune, estaba allí, mirándole fijamente con su único ojo y unas… ¿ojeras? Bastante amplias. Estiró el brazo con algo de dificultad hacia él. Le temblaba aún la mano pero cuando notó como la calidez de la mano de Date sobre la suya dejó de hacerlo. Trató de sonreírle un poco pero las imágenes vividas aquel día asaltaron su mente como un rayo y la sonrisa que había tratado de formar se deformó rápidamente, dando paso una especie de mueca no identificable.
—¡Ieyasu! —otro gritó, algo más alejado. Volvió a mover el cuello, tratando de distinguir la figura, algo borrosa, que se acercaba—. Gracias a Dios que por fin has despertado… —incluso él fue capaz de notar como la voz de la Magoichi se quebraba en la última silaba.
—Magoi… chi —pronunció, jadeando un poco—. ¿Dónde…? —confusión, miles de imágenes se agolpaban en su mente.
—En el hospital —respondió Masamune—. Una furgoneta perdió el control y os arrolló a ti y a varias personas. Has sido el último en despertar de los que no han muerto —murmuró lo último algo sombrío. Se llevó la mano a la cabeza. Oh, aquel día. Sí, había corrido, como nunca. Y también había llovido y se había mojado y había visto a Masamune besarse con Katakura y por eso había huido como una vil nenaza. Cerró los ojos, avergonzado, realmente quería disculparse con Magoichi pero no podría hacerlo mientras Masamune estuviera allí.
—Nos tenías preocupados, hubo complicaciones en tu recuperación —murmuró la mujer, abrazándose levemente a uno de sus propios brazos—. Motochika también… está realmente afectado —dijo finalmente. Cierto, Motochika, había estado presente, tratando de darle alcance, debió haber visto como aquel vehiculo se lo llevaba por delante.
—Lo siento —murmuró finalmente, con la voz ronca y mirando fijamente a la pelirroja, tratando de esa forma pedirle disculpas por todo. Magoichi negó finalmente.
—No te preocupes. Iré a ver a Motochika, ha ido a por cafés, se alegrara saber que estas despierto —susurró para finalmente salir de la habitación, dejando al menor a merced completa del dragón el cual no había soltado ni un solo momento su mano. Se miraron durante unos segundos en completo silencio. Masamune parecía más frío de lo habitual e Ieyasu sólo sentía como su estomago se retorcía.
—Cuando salgamos de aquí… hasta que te recuperes del todo, vendrás a vivir conmigo —la voz del mayor sonó calmada en principio, autoritaria también. Tokugawa no pudo evitar que la sorpresa se reflejara en su rostro—. Tenemos que hablar, seriamente —se levantó de la silla y se acercó al cuerpo postrado de Ieyasu, agachó su rostro y le dio un pequeño beso en la mejilla—. Si no tuvieras esa maldita mascara habría sido en los labios, que te quede claro —susurró finalmente en su oído tras unos minutos de silencio con los labios pegados a la mejilla del menor—. Ahora tengo que irme, tengo que avisar al doctor, sigue durmiendo.
Confusión, nuevamente la confusión era la reina amante de su mente. Pero sus palabras habían tenido también otra clase de efecto en él. Esperanza, una pequeña llama de esperanza se había encendido en su corazón y no parecía estar dispuesta a querer apagarse. Así que volvió a dormir, a dejar que Morfeo se hiciera cargo de su alma mientras por otro lado algo, algo que llevaba mucho tiempo durmiendo dentro de él, despertó.
***
La mañana del cuatro de Abril fue bastante normal. Al menos en comparación con otras que había tenido. A pesar de recibir el alta en el hospital no había podido moverse de la cama, Masamune no le había dejado salir de ella. No era algo que le hacía especial ilusión a Tokugawa, había pasado de ver las paredes blancas del hospital, a contemplar las paredes blancas del nuevo piso de Date. Suspiró un poco, recordando las palabras del mayor en el hospital. No había vuelto a sacar el tema y a pesar de que la llama de la esperanza había resistido con fuerza estaba empezando a flaquear. No podía evitar preguntarse si aquellas palabras no habían sido otra cosa que su imaginación, su febril imaginación gastándole una broma pesada.
—¡Ieyasu! Ya he vuelto —la voz de Masamune, el sonido de la puerta al abrirse y de sus pasos hicieron que su estomago se contrajera levemente. En cierto modo le gustaba aquello, le gustaba saber que cuando Masamune llegará lo primero que hiciera fuera saludarle. Le gustaba no sentirse solo.
—Bienvenido —murmuró al verle entrar al cuarto—. ¿Qué tal las clases?
—¿Uhm? No he ido, tenía unos asuntos que resolver —respondió. Ieyasu le mandó una mirada de reproche pero está varió inmediatamente cuando Date se subió encima de la cama, acercándose peligrosamente hacía donde estaba—. Y ahora que lo he resuelto…
—¿Masamune? —preguntó con su voz impregnada por la indecisión. De nuevo, el dragón estaba demasiado cerca de él. Lo cual, considerando que no tenía ni zorra de que era lo que pasaba por su cabeza, era algo incómodo. Se sentía acorralado y era una sensación que le disgustaba. Quizá en otra situación le hubiera gustado pero en esos momentos en los que únicamente quería agarrar por el cuello a Date y partirle los labios de tanto besarle… Desvió la mirada, molesto con sus pensamientos.
—Ieyasu, mírame —susurró y eso hizo el menor. Blando, suave, Tokugawa podría catalogar el beso que el castaño le proporcionaba de esa manera. No supo en que momento empezó a devolverle el beso o cuando enredó sus dedos en el pelo de Masamune, pero lo hizo.
Intoxicándose.
Los labios de Masamune tenían un sabor vagamente familiar. Vainilla. Un dolor punzante sacudió su cabeza y no pudo hacer otra cosa que aferrarse con fuerza al contrario, jadeando—. ¿Ieyasu? —la voz de Date sonó distorsionada y lejana por unos instantes y su mente fue llenada por flash que pasaban demasiado rápido como para captarlos. Sangre, lágrimas y un dolor lacerante en su pecho.
Cuando todo aquello pasó, abrió los ojos extremadamente lento, se frotó los ojos al notarlos húmedos (¿cuándo había empezado a llorar?) y se encontró con la mirada llena de preocupación de Masamune—. Perdón… —murmuró. No quería que Masamune pensara algo extraño así que aprovechando que aún estaban cerca estiró el brazo hacía él y acarició su mejilla con cariño para finalmente atraerle y darle un suave beso en los labios.
—No me asustes así, idiota —masculló el castaño e Ieyasu simplemente dibujó una pequeña sonrisa en sus labios.
—Lo siento —volvió a disculparse, haciendo un hueco para que Masamune pudiera meterse bien dentro de aquella cama—. Masamune…
—¿Qué?
—Gracias.
—¿Eh? ¿Por qué? —Masamune le miró, obviamente esperando una respuesta e Ieyasu simplemente volvió a darle un breve beso en los labios.
—Por estar conmigo… ¡Auch! Masamune eso dol… —sus palabras fueron interrumpidas por un nuevo beso, algo más intenso, profundo—. Te quiero —susurró finalmente cuando separaron sus labios.
—Ve haciéndote a la idea —empezó Date—, de que cuando te recuperes ninguno de los dos va a salir de la cama en otra buena temporada —terminó, devorando nuevamente los labios del menor. Ieyasu se dejó llevar, enganchado los brazos en la cadera del mayor, dispuesto a dejarse llevar por sus besos. Dispuesto a olvidarse de cualquier cosa que no fuera él por unos breves momentos.
Fin.
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