Titulo: Un sabor agridulce.
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! no me pertenece, ni sus personajes tampoco, son de Akira Amano yo hago esto sin animo de lucro, bla, bla, bla.
Personajes/Parejas: TYL!8059 (YamaGoku).
Advertencias: Temática del White Day, drabble.
Resumen: No quiere reconocerlo pero se siente nervioso. Por muchos años que pasen juntos sabe que nunca se acostumbrara a tener que celebrar ese día.
Segunda versión. Tercera versión.
—Es imbécil —piensa Gokudera—. Imbécil, imbécil, rematadamente imbécil —repite constantemente. Y es que lo odia ese día. Aunque no lo odia tanto como a esa “fiesta cursi, asquerosa y sin sentido” pero es que de verdad no aguanta toda esa expectación que parece reinar en el ambiente. Y menos cuando el imbécil (su imbécil) se encuentra en ese estado. Verle distraído, pensativo y taciturno es insoportable.
Pero no puede hacer nada para cambiarlo ya que es el “aniversario” del primer asesinato del idiota y siendo como es, resulta normal que necesite un día para dejar aflorar la culpa. Y realmente no sabe si reír o llorar al comparar el estado en el que se encuentra el catorce de Marzo cuando en esa otra “fiesta cursi, asquerosa y sin sentido” parece más feliz que una perdiz, con una estúpida y cursi bolsa de chocolates que le entrega con esa sonrisa bobalicona que tanto le caracteriza.
Esa jodida sonrisa que está echando de menos en esos malditos momentos. Gruñe y se revuelve el pelo. No quiere reconocerlo pero se siente nervioso. Por muchos años que pasen juntos sabe que nunca se acostumbrara a tener que celebrar ese día. Pero es que realmente no tolera verle con esa expresión. Por eso se ha tomado la molestia de ir al supermercado de la esquina para comprar una cajita (pequeña) de bombones de chocolate blanco y espera (y más le vale que así sea) un agradecimiento por parte de Yamamoto.
—Oye, patético intento de samurai —le dice, con una expresión molesta en el rostro, para al final dejar caer la bolsa con los bombones en el regazo de un sorprendido guardián de la lluvia—. No hace falta que me des las gracias.
Se sienta al lado de Yamamoto y espera pacientemente (aunque esa no es precisamente una de sus virtudes) a que su pareja decida reaccionar. En el fondo agradece esos segundos de desconcierto ya que puede aprovecharlos para eliminar ese jodido color rosado que ha decidido aparecer en sus mejillas para fastidiarle.
—El año pasado dijiste que no me regalarías nada —susurra Yamamoto, como cada año, como si se tratara de una coreografía. La misma conversación, la misma respuesta, los mismos sentimientos.
—Tsk… sólo acéptalo y ya. El año que viene si que no te daré nada —replica Gokudera, con su mal humor habitual, fingiendo que le molesta el abrazo de oso que el espadachín le da segundos después mientras mentalmente agradece la pequeña sonrisa en los labios de éste. Ya que le da igual cuan perdido se encuentre Takeshi porque siempre estará ahí para él. Recordándole quien es.
Aunque para ello tenga que celebrar fiestas molestas y sin más sentido que el de llenar los bolsillos de los fabricantes de chocolate.
Fin.
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