lunes, 16 de abril de 2012

Ruleta rusa.

Titulo: Ruleta rusa.

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! no me pertenece, ni sus personajes tampoco, son de Akira Amano yo hago esto sin animo de lucro, bla, bla, bla.

Personajes/Parejas: 02/Asari.

Advertencias: Viñeta. Algo fluff porque me siento ñoña. Argumento algo trillado, lol.

Resumen: Rememoró el momento en que el pelirrojo aceptó jugar a aquel dichoso juego, un juego cuyas reglas Asari había roto incluso antes de que fueran establecidas.




Asari abrió los ojos perezosamente y luego estiró sus articulaciones, entumecidas por el frío. Había sido una noche larga y repleta de sentimientos contradictorios. Cuando se levantó para ir al baño no se molestó en mirar el lado de la cama en el que había estado G. Sabía que ya se habría ido. Después de todo, ¿no eran esas las reglas del juego? Un poco de sexo, sin compromisos. Se estremeció cuando el agua golpeó con fuerza su piel. Era estúpido lamentarse por algo que en un principio había propuesto él. Aunque lo había hecho en tono de broma porque nunca llegó a imaginar que Archery pudiera aceptar. Pero lo hizo.

Apoyó la frente en la pared del baño mientras las cristalinas gotas de agua se deslizaban por su espalda.

Rememoró el momento en que el pelirrojo aceptó jugar a aquel dichoso juego, un juego cuyas reglas el moreno había roto incluso antes de que fueran establecidas. Sexo, apasionado, sin compromisos, sin amor. Pero no se le puede pedir que no se enamore de ti a alguien que ya lo ha hecho. Suspiró desanimado y salió del baño con una toalla cubriendo sus partes íntimas y fue en ese momento, cuando casi se cayó al suelo de la impresión. Abrió la boca, incrédulo y dio un par de largas zancadas para llegar hasta el borde de la cama.

Archery seguía allí cuando generalmente ya se habría escabullido de su habitación. Su estomago se contrajo por la preocupación y se deslizó por debajo de las sabanas para tirar de él y acercarle yendo a poner su mano en la frente del contrario para comprobar si tenía o no tenía fiebre. Alivio, eso fue lo que sintió cuando comprobó que la mano derecha de Primo se encontraba en perfecto estado. No pudo evitar que una sonrisa, llena de cariño y melancolía, se dibujase en su rostro. Ver al pelirrojo dormir en su cama era un placer que no podía darse constantemente por eso siempre que se acostaban juntos el guardián de la lluvia permanecía despierto todo el tiempo que le fuera posible.

Llevaban semanas durmiendo poco y las ojeras empezaban a ser visibles en su rostro. Abrazó con cuidado a Archery y regresó a la postura en la que había estado antes de que se levantase. Quería acariciar su cabello pero si él despertaba… no estaba seguro de si se sentía preparado para soportar. Sin embargo, no podían mantener eternamente esa… ¿relación? Ese juego. Asari tenía demasiado resquebrajado el corazón ya. Se mordió el labio inferior y se separó con cuidado de su amante. Si iba a cometer una locura al menos iba a asegurarse de no hacer el ridículo con una toalla como única vestimenta.

Esperó, no sin cierta impaciencia, a que el pelirrojo despertara. Procuraba pensar lo menos posible pues cada vez que lo hacía un pedacito del poco valor que había reunido se evaporaba como si fuera agua hirviendo. Pero era hora de hacer frente a la posibilidad del rechazo, engañarse así mismo sólo iba a provocarle más y más sufrimiento. Tragó saliva y cuando los movimientos del cuerpo de G bajo las sabanas fueron evidentemente visibles. Respiró profundamente y se acercó a la cama nuevamente apoyándose en el borde con cuidado. Pronto, las puntas del pelirrojo cabello de Archery se asomaron para dejarse ver por Asari.

—¿Qué hora es? —preguntó adormilado el guardián de la tormenta.

—G —llamó, ignorando su pregunta—. Tengo que hablar un momento contigo sobre…

—¿Sobre que? —cortó el mencionado. Asari sintió un nuevo nudo en el estomago. Cada vez se arrepentía más de haber tomado esa decisión en caliente pero no quería seguir siendo un simple polvo de un par de noches. Agachó la mirada y desvió el rostro ante la idea.

—Creo que… tenemos que terminar con esto —murmuró.

—¿Cómo? —Asari entrelazó los dedos y jugueteó nervioso con ellos después de clavar la vista en el suelo lo cual provocó que no llegará a ver el ceño fruncido que tenía el pelirrojo.

—No puedo… seguir con esto… G… —respiró profundamente—. Te quiero —mordió con fuerza su labio inferior tras decir aquello. El corazón retumbaba en sus oídos y al final consiguió el suficiente valor como para girarse un poco y clavar su mirada en la figura de Archery. Para su sorpresa, G le miraba como si hubiera dicho lo más obvio del mundo y eso no ayudó mucho a que sus nervios desaparecieran.

—Ya lo sabía —susurró G. El guardián de la lluvia se quedó callado, viendo como su amante se deslizaba fuera de la sabana, dejando al descubierto su cuerpo desnudo, y se sentaba en su regazo. Se ruborizó cuando los brazos del fumador rodearon su cuello—. Y yo también te quiero a ti —besó a Ugetsu antes de que replicara—. Pero esperaba a que lo dijeras primero, ya sabes, tengo una reputación que mantener —susurró finalmente, con un tono de voz claramente burlón.

—Yo…

—Oh, por dios, Asari, sólo cállate y bésame —ordenó el guardián de la tormenta mientras sonreía y enredaba sus dedos en el cabello negro de Ugetsu.

Asari sólo pudo hacer una cosa, sonreír débilmente y obedecer a su pelirrojo.

Fin.

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