sábado, 24 de marzo de 2012

Donde hubo fuego, cenizas quedan.

Titulo: Donde hubo fuego, cenizas quedan.

Disclaimer: Sengoku Basara no me pertenece, lo hace a Capcom —ascodecompañiacofcof— yo hago esto sin animo de lucro y esas cosas.

Personajes/Parejas: Ieasyu/Masamune. Insinuación de Motochika/Ieyasu.

Advertencias: Crack. Se podría tomar como continuación de “Un último suspiro” pero se entiende sin haberlo leído.

Resumen: Aunque naciera otras cinco veces, aunque viviera en cinco lugares diferentes y tuviera cinco vidas distintas volvería a enamorarse de la misma persona.

Música: Infinite - Before the Dawn

1. De historias que no terminan.

Ansioso. Del latín anxiōsus. Dícese de una persona que está acompañada de ansias o congojas grandes. Sí, es la mejor palabra que puede describir el estado en el que se encuentra Ieyasu. Incluso se ha tomado una tila. Siempre lo hace cuando queda él. Es desagradable. Llevan años siendo vecinos y es ahora cuando los nervios le carcomen por dentro y quiere arrancarse las entrañas para que dejen de retorcerse en contra de su voluntad. Se frota los ojos y espera, con la única compañía del tic tac del reloj, a que Masamune llegue a su casa para irse con él y los demás a dar una vuelta por el centro.

Cierto, los demás, por eso se siente tan patético. Porque no ha quedado sólo con Masamune, no es una cita. Sólo es una salida de amigos como cualquier otra que hayan hecho en el pasado. Se encoge un poco sobre si mismo. Hace frío. Su madre le dijo que cogiera una bufanda antes de irse a trabajar. Decide hacerle caso y coge una, en realidad está algo resfriado y no debería salir pero realmente quiere estar con el castaño. Desde que Date comenzó la Universidad apenas ha tenido tiempo de verle. Apenas ha tenido tiempo de ver a ninguno de sus amigos. Supone que aquella es la desventaja de ser el menor del grupo.

Estornuda y se frota la nariz para después liarse la bufanda por el cuello y taparse un poco ésta. Ser el más pequeño tiene también otro tipo de desventajas. Bastantes en realidad. Exámenes que no coinciden, fiestas a las que no debe ir (tampoco es como si le matasen de amor pero Masamune iba de vez en cuando), gente que conocen ellos y él no… Eso le recuerda que Date va a ir después de su quedada con sus nuevos amigos. Si no recuerda mal se llamaban Kojuro y Yukimura. Agacha levemente la mirada. Se siente cada vez más idiota. Aún recuerda cuando la familia de Date se mudó y se convirtieron en sus vecinos.

Por aquella época había sido un niño bastante enfermizo por lo que no tenía muchos amigos, por no decir ninguno. Así que trató de conseguir por todos los medios que Masamune le hiciera un poco de caso a pesar de que éste le ignorara en casi todas las ocasiones. No quería sentirse solo. Sigue sin querer sentirse así pero no es idiota aunque a veces se sienta así. Tiene claro que es difícil mantener los lazos que han formado siempre iguales. Sabe que se moldearan, se transformarán e incluso pueden llegar a romperse.

Porque está claro que Masamune tarde o temprano se enamorará y la sola idea le hace sentirse pequeño e insignificante. Y le dan ganas de llorar y se siente aún más patético si es posible. Se frota los ojos con fuerza y mira la hora. Date debe estar a punto de llegar. Lo último que le apetece es que le encuentre todo lloroso y moqueando. Suspira y trata de animarse un poco, diciéndose que esos sentimientos no duraran para siempre. Repitiéndose que no va a arriesgar el lazo de amistad que ha conseguido formar con el castaño por algo tan cambiante como el amor.

Lazos. Le ha costado tanto conseguir y preservar los que tiene que no quiere arriesgarlos. Porque, aunque Date se decidiera a darle una oportunidad si las cosas salieran mal nada volvería a ser como antes. Le aterra. Se sobresalta un poco al oír como llaman al timbre y tiene que controlar el impulso de ir corriendo a abrirle. Traga saliva y sale, cogiendo todo lo que va a llevar (las llaves y la cartera) y abre la puerta. Masamune no lleva bufanda e Ieyasu suspira. Si se pone malo será culpa suya y aún así no puede evitar preocuparse (y aún así no dice nada).

—Has tardado —murmura el menor con la voz algo distorsionada por tener la bufanda tapando su boca. Masamune bufa y le da la espalda, empezando a andar. Ieyasu cierra la puerta rápido y da unas cuantas zancadas para poder ponerse a su alcance.

—Kojuro me entretuvo al teléfono —da como única explicación. Tokugawa asiente y esconde un poco más el rostro tras la bufanda. Kojuro le parece una buena persona (y Yukimura también) y sin embargo, es incapaz de evitar que las entrañas vuelvan a retorcérsele como si fueran serpientes cada vez que los menciona. Se siente celoso. Porque ellos consiguieron en poco tiempo lo que a él le costó Dios y ayuda. Y a veces les ha visto juntos y Date parecía estar disfrutando de su compañía. Haciendo gestos que nunca había tenido para con él. Es doloroso pensar que el mayor sólo está a su lado por pena.

Alguna vez ha resultado lo suficientemente insoportable como para encerrarse en su cuarto para que nadie le viese. Tampoco es muy difícil que nadie le viese. Su madre siempre está trabajando y su padre…

Él no tiene padre.

Mira a Masamune en silencio mientras caminan. A veces se pregunta si no habrá alguien ya que ocupe el corazón del mayor. Nunca hablan de esos temas. Temas de parejas. Sólo salen cuando Motochika está con ellos y generalmente suele girar en torno a las parejas del mencionado. Nunca las de ellos dos. Por ello desconoce si el castaño ha salido alguna vez con alguien. Por su parte… bueno… él nunca he tenido pareja de ningún tipo.

El silencio de pura indiferencia del mayor le está agobiando. Quiere hablar de cualquier cosa, de lo que sea. Así que busca cualquier tema de conversación que pueda interesarle a Date.

No llega a abrir la boca ya que siente como alguien tira de su bufanda, arrastrándole hacia atrás y casi ahogándole. Suelta un quejido cuando nota los labios calientes de alguien ponerse sobre su cuello y… ¿chupar? Trata de golpear a su atacante y casi le da un ataque al ver el rostro burlón de Chosokabe apoyado en su hombro.

—¿¡Estás loco!? —explota el menor. No está de humor para ese tipo de bromas—. ¡Casi me da un infarto! —reprocha, llevándose una mano al corazón.

—Es divertido hacerte este tipo de cosas. Siempre acabas ruborizándote —explica el anciano (así es como le acaba llamando siempre que se mete con él). Entonces cae en la cuenta, chupar, le había chupado, en el cuello la zona donde se hacían los… Se puso blanco.

—¡Motochika! —exclamó, llevándose la mano allí donde el otro ha puesto los labios. ¡Le ha hecho un jodido chupetón! ¿¡Como le explica eso a su madre!? Y sin embargo, lo único que consigue es que Chosokabe estalle en carcajadas.

—Vamos, vamos —siente como el brazo de Motochika le rodea el cuello y tira de él, poniéndole al mismo nivel que llevaba Masamune. No se había dado cuenta de que había estado andando detrás de él… Realmente odia las metáforas que a veces le pasan por la cabeza—. ¿A que viene esa cara, Masamune? Cualquiera diría que has visto a tus padres follar.

—Cierra la boca, Motochika —replica el castaño. Ieyasu se encoge un poco sobre si mismo. Date parece enfadado. Ocurre algunas veces, generalmente cuando están solos con el anciano. De repente Masamune acaba enfadado por alguna razón que no termina de comprender. En un principio pensó que era porque le gustaba Motochika. Pero nunca parecía celoso cuando hablaban de sus novias y novios, es más, generalmente le seguía el juego. Él no podría hablar tan tranquilo con el mayor sobre las relaciones de éste. Desvía levemente el rostro, de repente se siente terriblemente cansado y termina estornudando un poco.

—¿Oh? ¿Nuestro pequeño está resfriado? —siente su mano sobre su cabello, revolviéndolo y quizá sea por la fiebre pero acaba levemente ruborizado.

—Si estás resfriado deberías volver a casa —espeta Masamune, parándose de repente para mirarle—. Le diré a los demás que te encuentras enfermo.

—¡P-pero....! —trata de quejarse pero es incapaz ya que Motochika tira levemente de él.

—Vamos, te acompañaré a casa —mira a Date—. Dile a los demás que ahora os alcanzo.

Masamune asiente y les da la espalda. Nuevamente parece molesto pero es incapaz de decir algo así que simplemente agacha la cabeza. Es inútil intentarlo ya. Le ve alejarse en silencio y esconde el rostro algo más tras la bufanda. Se siente tan impotente que quiere llorar. Vuelve a notar la mano de Motochika sobre su cabello, sin embargo, está vez no se lo revuelve, simplemente lo acaricia con suavidad y algo de… ¿cariño?

—¿No vas a decírselo nunca? —pregunta y Tokugawa niega—. Venga… te llevaré a casa antes de que te pongas peor.

A Ieyasu no le importa ponerse peor. Sólo quiere estar con todos otra vez, como en los viejos tiempos pero está claro que esos tiempos no van a volver. Si sus sentimientos han tomado aquel rumbo, ¿por qué el de los demás no iba a tomar otro diferente? Cierra los ojos y supone que Date está más cómodo con sus nuevos amigos que con él. Camina en silencio mientras Chosokabe le habla de cualquier cosa a la que no le presta atención. Demasiado concentrado en su propio mundo. En sus propios sentimientos.

A veces cree que puede llegar a odiarse por todo aquello.

No se da cuenta de que ya han llegado a su casa hasta que el mayor le mueve el hombro con suavidad. Se miran unos instantes e Ieyasu vuelve a desviar la mirada, avergonzado. Ha estado ignorando a Motochika todo el camino. No es justo para él. Se supone que también son amigos, es más, el de cabellos canos siempre ha estado ahí para él e incluso ha ido a verle cuando Masamune había puesto alguna excusa para no quedar. Realmente ha sido un apoyo importante para él y… quiere agradecérselo. Se frota el cabello, nervioso y asiente, decidido.

—Gracias por acompañarme, Motochika —le dice y por enésima vez en aquel día, estornuda—. Ah… ¿quieres pasar y tomar algo? —puede invitarle a algo de comer o beber. Sabe que es algo cutre para compensar todos los dolores de cabeza que le está provocando al mayor pero realmente quiere hacerle saber de alguna manera que aprecia su compañía. Sin embargo, al poco de haberlo dicho recuerda que Chosokabe ha quedado también con los demás y que debería irse ya para alcanzarles. Se disculpa por haberlo olvidado y le dice que ya se verán y a pesar de eso, Motochika no se mueve de su posición.

Ieyasu empieza a ponerse nervioso por la mirada fija que tiene el mayor sobre él. Realmente detesta no entender que es lo que pasa por la mente de sus amigos últimamente—. Ieyasu —comienza el mayor—. Masamune está enamorado de alguien —espeta, brusco, sin tacto. Y, en cierto modo, es un alivio que no siga hablando. Ya que no podría haber seguido escuchando. Bastante tiene con el sonido de su corazón resquebrajarse y romperse en mil pedazos. Cierra los ojos y trata por todos los medios que no se note lo decepcionado que se siente. Que su corazón no se está retorciendo de dolor.

—Ah… s-seguro que la otra persona le corresponde —murmura casi sin voz—. Masamune es muy popular… siempre lo ha sido —las preguntas sobre la identidad de dicha persona se agolpan en su cabeza y le dejan aturdido. En realidad no quiere saberlo, no necesita saberlo. Porque no podrá evitar compararse y en eso siempre sale perdiendo. Se queda quieto cuando Motochika le besa la frente y retira un par de gotas de lluvia de entre sus parpados (porque no, no está llorando, es lluvia, tiene que ser eso porque sino lo es será incapaz de volver a mirar a Motochika a la cara).

—Entra en casa, está empezando a hacer mucho frío y yo estoy llegando tarde —le aconseja el mayor e Ieyasu como si fuera un buen chico, obedece y entra en su hogar. Se quita la bufanda y se cubre la cara con la capucha que siempre lleva. Sube a su habitación, coge los cascos y enciende la música, deslizándose dentro de la cama mientras los tres nos retumban en su mente. No pensar, no llorar, no sentir.

Pero las cosas nunca son tan fáciles.

Continuara.

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